Y así nos pasamos la vida, como en la canción “felicidad” de la cabra mecánica…  “felicidad qué bonito nombre tienes, felicidad vete tu a saber dónde te metes”..

Buscando fuera la felicidad que todos llevamos dentro, que como no nos paramos a sentirla, pensamos que no la tenemos y así seguimos venga y venga.. a buscarla fuera.

Todo esto, por supuesto, es inconsciente… y la única manera de hacerlo consciente es que seamos capaces de verlo y reconocerlo como lo que es.. un capricho de nuestro ego, de lo que pensamos que es bueno para nosotros.

El ritmo de vida que llevamos, en el que nos hemos montado.. invita a todo esto.. con sus prisas, con el conseguir cosas, con el ir corriendo de aquí para allá con todo lo que queremos hacer… 

Y claro.. nos va surgiendo una sensación de desasosiego, de alarma interior que pretendemos apagar.

No nos damos cuenta, de que esa alarma interior… es precisamente eso, una notificación de nuestro Yo más auténtico que nos dice que por ahí no es, que nos toca una actualización (como en los móviles ;)) .. y no es hacia afuera, es hacia adentro.

Cuando miras hacia adentro, cuando pones atención a tu interior, todo cambia, la vida empieza a brotar a través de ti, vuelve la alegría por que sí… y ya no necesitas buscar nada, estás lleno, completo. Y quizás, en este momento, sin buscarlo, la casa que quieres, pareja, coche, amigos, etc… llegan.. pero ya no los necesitas.

Esta es la paradoja de la vida, the life paradox. 

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